Once empresas ganaderas del centro y norte del país se agruparon para formar un consorcio de exportación directa, eliminando la intermediación de los grandes frigoríficos.
El desafío era proyectar la solidez de esta unión en mercados internacionales de alta exigencia. La marca necesitaba representar la profundidad de la tradición ganadera argentina sin caer en el souvenir folclórico, funcionando como un sello de confianza para cortes de exportación premium.