Tubox operaba con una identidad genérica de taller mecánico que no reflejaba su evolución como academia tras 10 años de trayectoria.
La imagen de un "autito esquemático" actuaba como un techo para una propuesta que buscaba profesionalizar la pasión fierrera. La marca carecía de la diferenciación necesaria para posicionarse como un centro de formación especializado de alto rendimiento.